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martes, 28 de febrero de 2012

Comprendiendo las diferencias cerebrales para la educación del talento

Es un hecho que la educación de los habitantes de una nación, beneficia en corto, mediano y largo plazo los servicios sociales, culturales y de salud, por lo que no hay duda que la educación es el futuro, de ahí que los gobiernos buscan que los sistemas educativos tengan el nivel de desarrollo que logre que el alumnado obtenga los mejores puntajes, aunque cabe analizar si con ello se logra garantizar la utilidad de lo que se aprende.

Menciono esto por que las escuelas, buscan a los alumnos con mejores calificaciones y se hace de lado a todo aquel que no se encuentre al menos dos puntos arriba de la media, quien este abajo, simplemente no merece mucha atención, aunque se piensa que quienes logran la excelencia, a pesar de ser lo deseable, no requieren mucho apoyo. Pero, estos, los niños excelentes, el sueño de todo padre, la meta de todo sistema educativo y por supuesto, el blanco de las inversiones, cuyo  valor es su peso en oro, no han logrado encontrar un sistema 100% fiable que permita que todo el estudiante encuentre ese camino de la perfección y que quienes tienen el don, se mantengan en la escuela, a pesar de que independientemente de la etiqueta que se le ponga, no dejan de ser niños y de tener  derecho a la educación.

Sin embargo, hablando del talento o la sobredotación,  aun cuando toda familia quisiera que sus hijos tuvieran algún talento o algo de genialidad, hay que mencionar que no son como se les pinta, pues si bien sus características les hace pasar al lado derecho, a veces extremo de la curva normal, esto les pone en el rubro de la educación especial, y dependiendo de sus capacidades les será más o menos difícil la adaptación al medio (Marland, 1972; Fenstermacher & Richardson, 2005).

En este sentido algunos están más adaptados a retener información, como es el caso de los niños diagnosticados como Savant que son parte del espectro autista y pueden ser encontrados en esta categoría, algunos  de ellos pueden retener gran cantidad de información, como fechas, números o canciones (Winner, 1998), y también están lo que se puede decir, que tienes habilidades de realizar múltiples tareas. Un ejemplo es cuando se lleva a un niño al museo y es capaz de reproducir con lujo de detalles todo el recorrido, incluyendo los comentarios que hizo o escuchó, los colores que cada objeto incluyendo detalles que solo unos cuantos descubren.

También presentan gran cantidad de intereses, pero como a muchos niños, les puede gustar este mes los dinosaurios y al siguiente los submarinos, pero mantienen el conocimiento por cada uno de los temas que le gustan.

Cabe mencionar que tienen la tendencia de leer y escribir a edades previas a la norma sin enseñanza formal, pero habrá que cuidar el gusto por esta habilidad, que en parte está determinada por su extraordinaria fluidez en el vocabulario, él cual es más avanzado para la etapa de desarrollo en que se encuentran, logrando frases complejas antes del año y medio o exhibiendo palabras que ha escuchado solo una vez con perfecto dominio del contexto, mostrando en algunos casos manejo de conceptos complejos aún para los adultos, poniendo en jaque a los padres que pueden no sentirse a la altura de las necesidades cognitivas del niño (Benito, 1990).


Se dice también que son artísticamente talentosos, ya que muestran un inusual apreciación por las artes en general, particularmente se destacan en el canto, pues son perfectamente entonados, o en el dibujo, con trazos de gran madurez, pueden además mostrar altas aptitudes para la fotografía o el teatro, haciendo que las cosas parezcan muy fáciles o naturales (De Bono, 1988; Genovard  y Castelló, 1990;  De Bono, 1992).

Debido a sus intereses o a su particular talento artístico muestran periodos de gran concentración, que en algunos casos puede mantenerse por largos periodos de tiempo y quizá por ello también demuestran una memoria extraordinaria, aunque esta puede ser selectiva, pues se van a concentrar en detalles muy específicos, por lo que ponen atención o al mínimo detalle o bien a contextos completos que escapan del ojo adulto.

Pero al revisar todas sus extraordinarias y envidiables cualidades, cabe destacar una que lo pone al frente de otros niños y que provoca dolores de cabeza a los padres y visitas constantes al médico debido al pobre manejo de la tensión, y es que son excesivamente autocríticos, centrados en la perfección de la ejecución, más que en disfrutar de la misma. Esto los pone en un lugar que pocos padres quisieran realmente (Lohman, 2000; Lohman, Korb y  Lakin, 2008).


A este grupo de la población se le clasifica generalmente de la siguiente manera:

- Genio que es aquella persona que rompe todas las normas, debido a que son extremadamente inteligentes, creativos y productivos, y suelen lograr altos niveles académicos, sin embargo esto no es una causa de la genialidad, pues ésta es un logro de la vida adulta, que requiere madurez y experiencia (Solomon, 2007).

- Precocidad que bien puede ser síntoma de alta capacidad pero no necesariamente, si bien va asociada a la capacidad extrema. En este caso se requiere de mucho apoyo ambiental para mantener las capacidades.

- Prodigio, se les caracteriza como  niños que logran ejecuciones con la calidad de un adulto competente en un campo determinado antes de los diez años.

-  Superdotado / Talento, en este rubro puede haber diferencias conceptuales entre autores pues algunos dicen que la superdotación se refiere a áreas amplias con una estructura cognitiva compleja, mientras que el talento se refiere a un campo profesional más determinado culturalmente, pero estas diferencias no necesariamente se diferencian en la realidad (Benito, 1990; Derryberry y Barger, 2008; Lohman, Korb y  Lakin, 2008; Willard-Holt, 2008).


Por todas esas características es que existen instituciones privadas, sobre todo en los Estados Unidos que han hecho fortunas prometiendo a los padres encontrar el talento de sus hijos, sin embargo, el tiempo y un poco de motivación han hecho caer en la cuenta que el talento mal dirigido solo lleva al desastre personal.

Y es que el mito de que los niños talento o sobre dotados son fáciles de educar persiste a pesar de que la evidencia muestra lo contrario. Investigadores como Mihaly Csikszentmihalyi de la Universidad de Chicago han demostrado que aquellos niños con excepcionalmente elevadas habilidades en cualquier área, no solo académica sino artísticas o atlética, están un paso atrás que sus pares socialmente, pues muestran una clara tendencia a ser auto dirigidos, con un pensamiento independiente e introvertido, lo que les hace pasar solos por mucho tiempo, y aunque disfrutan profundamente de los momentos a solas, también reportan sentimientos de soledad y entre más elevado el grado de sobre dotación, más alejados se sienten del resto de las personas, lo cual los puede empujar a la depresión (Winner, 1998)


Es por ello que cabe preguntarse si vale la pena invertir en ellos siendo por un lado un porcentaje muy pequeño de la población que además ¿qué más puede dar si son lo mejor de lo mejor?, ¿la meta es hacerlos más inteligentes o más talentosos?. Bueno, si con ello los hacemos más antisociales me parece que el precio es alto.


La otra idea que me parece un poco más rentable es que ellos, los talento, nos ayuden con el otro lado de la curva normal, que podamos aprender de ellos, para que su talento no sea desperdiciado o ellos se pierdan en las dificultades que vienen con el paquete que genética y ambientalmente les ha sido conferido, pues si logramos comprender el aprendizaje, nos damos cuenta que hay solo algunos aspectos que, mezclados dan como resultado que una persona se encuentre de un lado u otro de la curva normal.



 Siendo críticos, desde el punto de vista cognitivo, el talento o la sobredotación infantil no hacen mucha diferencia excepto conceptual y por su posición en la curva normal de aprendizaje, pues antes que nada son niños,  lo único que les diferencia es que aprenden de forma diferente y más rápida que sus compañeros, por este motivo, se han estudiado sus capacidades, pero cabe decir que no solo se trata de hacer adultos excepcionales sino niños felices (Benito,  1994; Joftus y Maddox-Dolan, 2002).



¿Son realmente distintos?



¿Cómo es que empiezan a surgir estas distinciones relacionadas con la inteligencia?, bueno, el hombre ha ido implementando mecanismos que permitan evaluar la capacidad mental de los integrantes de una sociedad, fundamentalmente para responder a necesidades particulares y bajo el supuesto de que los más aptos son más capaces de sobrevivir; por lo que de manera tradicional la evaluación de esta capacidad ha estado vinculada con las nociones de Inteligencia, la cual como concepto, es un término de difícil precisión aunque ha ido sirviendo como base para el diseño de procedimientos que han tratado de medirla, explicarla y comprenderla, aunque pocas veces explotarla (Fuentes Muñoz, 1999).


Lo que se ha comprendido de esta medición es que la inteligencia se define como la capacidad para adaptarse al medio (Dzib Goodin, 2012) y que esta puede modificarse si se alteran las circunstancias medio ambientales. Aun cuando parece indiscutible  la inteligencia basada en la dotación genética, ésta depende en la efectiva actualización de la actividad del sujeto en su entorno (Fuentes Muñoz, 1999).

A partir de las mediciones hechas para separar a la población en función de sus cualidades intelectuales Feldhusen (citado en Fenstermacher & Richardson, 2005) hace una distinción entre superdotados y talento, y define la superdotación como la capacidad intelectual general y unitaria subyacente, mientras que el talento lo dibuja como un rendimiento superior o aptitud especializada en determinadas áreas, en este sentido, coincide con autores como Genovard (1990) y Genovard y Castelló  (1990)  en que los niños con talento son los que poseen una elevada capacidad, habilidad o potencial en cualquier área importante de la actividad humana, evaluada por medio de escalas de evaluación, observaciones de la conducta o puntuaciones de la ejecución anterior en actividades de aprendizaje y comparada con la que obtiene un grupo de referencia de compañeros suyos.

Otros autores como Gagné (citado en Parra, Ferrando, Prieto y Sánchez, 2005), añaden una asociación entre el don natural (superdotación) con capacidades humanas desarrolladas no sistemáticamente y el talento con capacidades o habilidades desarrolladas sistemáticamente; y en este sentido Renzulli (1996) añade  que lo sobresaliente consiste en una interacción entre tres grupos básicos de rasgos humanos que se pueden describir como: habilidades generales por arriba del promedio, altos niveles de compromiso en las tareas y altos niveles de creatividad.

Sin embargo, en contra de la creencia popular, la creatividad no correlaciona con el coeficiente intelectual, ni con el rendimiento académico, como lo han demostrado distintas investigaciones, y en este contexto  tampoco se haya relación entre la edad o el género y la creatividad percibida. Incluso se encuentra que en diferentes poblaciones guarda bastantes semejanzas entre sí (Pendarvis, Howley y Howley, 1990; Rogers, 2006). En este sentido, también se puede decir que la creatividad no correlaciona con el rendimiento académico y en muchos casos el profesorado percibe como más creativos a los alumnos con más bajo rendimiento escolar (Sternberg, 1985; Valadez Sierra,  Betancourt Morejón y Zavala Berbena, 2006).


Además, en lo que respecta a la creatividad de los niños sobre dotados, estos no son percibidos como niños especialmente creativos, pues se hallan dentro de los rangos normales, contrario a los niños talento o con rangos intelectuales normales y  luego el diagnóstico de la sobredotación parece estar más ligado al cociente intelectual que a los otros dos aspectos que contempla el triple anillo de Renzulli, como son las habilidades generales, la creatividad y la persistencia ante la tarea (Sternberg y Davidson, 1990; Prado Suarez, 2006).


Cuando se hace un análisis entre los padres de familia, la población de madres es la que percibe como menos creativos a los niños sobre dotados y la percepción de la creatividad de los compañeros es prácticamente similar a la creatividad auto percibida por los niños sobre dotados (Prado Suarez, 2006). En este sentido, vale la pena analizar más a fondo sus características.


Y es que es posible encontrar casos extremos entre niños sobre dotados que coexisten con un déficit verbal y estos son los llamados autistas Savant, a quienes se les puede caracterizar como sabios aunque muestran un profundo retraso cognitivo ​​(algunos con un coeficiente intelectual entre 40 y 70). Estos sabios por lo general poseen una habilidad a un nivel normal, en contraste con varias limitaciones. Pero los sabios más raros  (menos de 100 son los que se conocen) presentan una o más habilidades a un  nivel de prodigio (Heaton y Wallace, 2004).


Estos niños sabios suelen sobresalir en las artes visuales y la  música, o el cálculo matemático y en su ámbito de competencia, se asemejan a los niños prodigio, exhibiendo las habilidades precoces, con un aprendizaje independiente y una necesidad imperiosa por dominar. Además, los sabios a menudo sobrepasan los niños superdotados en la precisión de sus recuerdos. Una de las explicaciones biológicas más prometedoras para este síndrome plantea la organización cerebral atípica, con un déficit en el hemisferio izquierdo del cerebro (que controla el lenguaje por lo general), compensado por los puntos fuertes en el hemisferio derecho (que controla las habilidades espaciales y visuales) (Winner, 1998) .


Y es de los trabajos realizados por los distintos especialistas dedicados al estudio de la superdotación y el talento, que podemos resumir  que las características de estos alumnos se centran básicamente en los aspectos cognitivos; de adaptación e inserción social; aspectos emocionales; aspectos comunicativo - lingüísticos y aspectos relacionados con la creatividad, y aunque ninguno de estos aspectos se puede olvidar en los niños que están al otro lado de la curva normal de desarrollo, en estos niños son más obvios ya que hablando de los aspectos cognitivos, ellos se caracterizan por presentar una elevada capacidad de pensamiento convergente, pensamiento de tipo lógico, de relaciones causa efecto, etc. Además de una gran facilidad para memorizar todo tipo de datos.


También demuestran mayor capacidad de abstracción, visión moral razonamiento y generalización que la que le corresponde a su edad y su gran curiosidad les permite aprender más  rápidamente (Derryberry y Barger, 2008)..


Por su puesto, no puede dejarse de lado si originalidad en preguntas y respuestas que además están bien fundamentadas, que se debe a una alta capacidad de observación y relación entre elementos y una preferencia por tareas complejas que impliquen una gran concentración, quizá por eso aprenden rápidamente conceptos abstractos, siendo capaces de aplicarlos de forma práctica, lo que les brinda una gran motivación intrínseca, lo que  puede producirles aburrimiento según la dinámica de clase, pues debido a su elevada capacidad de procesar la información, tienen predisposición para el aprendizaje acelerado (Hilliard, 1976; De Bono, 1988; Genovard y Castelló, 1990; De Bono, 1992; Lohman, 2000; Derryberry y Barger, 2008;  Willard-Holt, 2008).


En lo concerniente a las características de los aspectos comunicativo-lingüísticos en estas personas, se puede afirmar que lo más notorio es que poseen un amplio y complejo vocabulario y los padres suelen sorprenderse pues aprenden rápidamente a leer; además expresan sus ideas con claridad y ello los lleva a que su diálogo sea fluido y rápido con gran comprensión, pero algunos autores mencionan que tienen una tendencia a preferir el lenguaje oral al escrito como medio de expresión (Torrance, 1977; Sternberg, 1985; VanTassel-Baska, Xuemei Feng, Brown, Bracken, Stambaugh, French, McGowan, Worley, Quek y Bai, 2008).


Muestran en general habilidad pictórica y/o sensibilidad por la música, además tienen una tendencia a buscar nuevas alternativas, lo que los lleva a su inusual facilidad para manipular ideas u objetos y obtener nuevas combinaciones, primordialmente por que prefieren las tareas complejas a las sencillas y particularmente quiero recalcar que son capaces de generar soluciones  de diferentes o múltiples vías de resolución de un mismo problema (Genovard, 1990; Genovard y Castelló, 1990) y resalto este punto en particular debido a que la escuela formal, les impide este desarrollo y en parte eso es lo que causa gran frustración.


Hasta aquí, se han mencionado esos aspectos envidiables en los niños que todo padre desea, sin embargo la combinación de esas fortalezas con las debilidades inciden en alguien que aun siendo una persona con altas capacidades, pueden fracasar escolarmente o socialmente, y de ahí se derivan sus necesidades educativas especiales, pues cuando se analizan los aspectos de adaptación e inserción social, los niños talento en general tienen mucho más éxito, para lograr una buena aceptación y prestigio social que los sobre dotados o los genios, aun así, todos tienden a ser independientes, particularmente en el área de dominio (Alonso, 1991; De Bono, 1992; Derryberry y Barger, 2008), pues no dejan de pedir ayuda en aquellas tareas que les son problemáticas o bien, dejan de intentar aquello que no les es sencillo. Su alta capacidad les lleva a ser críticos con las normas establecidas y lo más difícil de adaptar es su capacidad superior de autocrítica, lo que les produce gran ansiedad y múltiples problemas de salud (Garet, Porter, Desimone, Birman y Yoon, 2001;  Manaut-Gil, Vaquero-Casares, Quintero-Gallego, Pérez-Santamaría y Gómez-González 2004).

Pero es imposible  olvidar que el ser humano se compone no sólo de capacidades sino que los aspectos afectivos y emocionales, así como el temperamento innato, juegan un papel determinante en el crecimiento personal y en la progresiva adquisición de un cierto equilibrio y bienestar con uno mismo. Y ahí es donde, los niños con capacidades elevadas viven una situación de desfase entre su capacidad intelectual y esas otras capacidades emocionales que ayudan a la adaptación al medio en el que se desenvuelven.

Y es entonces esa combinación letal entre altas capacidades intelectuales y las dificultades  de adaptación escolar, lo que produce la paradoja del fracaso en los aprendizajes. A esto habrá que agregar que para un educador es todo un reto encontrarse ante un alumno con una inteligencia superior a la media, al que parece quedársele corto el programa de aprendizajes pensado para su edad. Por otra parte a veces su agilidad mental y su iniciativa le convierten en un niño incómodo si cuestiona al profesor en cuanto a su método de enseñanza  (Rogers, 2006). Y es que en lo que respecta a los aspectos emocionales tienden a mostrar un nivel elevado de autoestima y autoconfianza en sus capacidades y cualidades, lo que les hace muy sensibles y  les puede producir inestabilidad emocional, siendo un problema para los adultos pues a veces se comportan de forma defensiva, en parte debido a que no precisan refuerzos sociales en su trabajo  (Torrance, 1977; Cross, Cassady, Dixon, Adams, 2008).

En un estudio presentado por Cross, Cassady, Dixon, Adams (2008) llegan a la conclusión, ampliamente replicada de que los niños y adolescentes talento presentan trastornos psicológicos, pero también cabe destacar que con el apoyo necesario y la instrucción en ambientes normalizados, pueden lograr superar esas dificultades (VanTassel-Baska,  Xuemei Feng, Brown,  Bracken,   Stambaugh,   French,  McGowan, Worley,  Quek  y Bai, 2008).

Sin embargo las adecuaciones en el aula requieren de un refuerzo positivo en las áreas clave, donde el alumno no es tan experto, además del trabajo en equipo, que no necesariamente debe darse como parte de una educación especial (Garet, Porter, Desimone, Birman, & Yoon, 2001; Valadez Sierra, Betancourt Morejón  y Zavala Berbena,  2006).

Y es que para superar las dificultades escolares y poder  llegar a la expertes y madurez adulta, es necesario reconocer que la identidad profesional emerge en el punto de encuentro de historia individual, por un lado, y las convenciones de un determinado dominio, por el otro. Sin embargo, estas dos variables no existen en igual medida y  ambos elementos deben existir, y en el caso de los niños talento se parte de la premisa de que con el dominio es suficiente (Pendarvis, Howley & Howley, 1990; Solomon, 2007) lo cual puede llevar al fracaso no solo escolar, sino profesional. Aunque hay un aspecto netamente social a considerar, y es el hecho que se siguen existiendo campos de trabajo dominados por un género u otro, dando como resultado que las mujeres con alto nivel intelectual, tengan mayores problemas de inserción profesional que los varones (Willard-Holt, 2008).


¿Qué los hace diferentes?



Básicamente las capacidades se activan o se desactivan dependiendo de su posición en el encéfalo. Habrá que recordar que el cerebro tiene un espacio finito hacia donde expandir su tamaño, es por eso que presenta circunvoluciones, que son pliegues que se crean al no contar con más espacio que el cráneo (Dzib Goodin, 2011; Fox, 2011) de ahí que cuando un área cerebral se desarrolla más que otras, presiona las que tiene junto y con ello, de un modo u otro, las hace menos potenciales. Aun cuando no existe neurogénesis excepto en el hipocampo y el bulbo olfatorio (Alvaréz – Buylla  y García Verdugo, 2002), las conexiones cerebrales harán espacio dentro del cerebro, por lo que aquellas funciones que se desarrollen más, competirán bajo la ley del más fuerte, aquellas conexiones que no sobrevivan a la presión, se harán débiles y finalmente desaparecerán para dar espacio a las que se usan con más frecuencia (Tubino, 2004).


Parece entonces que para comprender las diferencias entre uno y otro lado de la curva, se debe pensar en las funciones que como característica tienen los sujetos que lo representan. De tal suerte que los niños con retraso mental severo tendrán muy desarrolladas las estructuras límbicas (emocionales) y son tan grandes que estas presionan a las áreas cognitivas que se representan en la neo corteza. Esta misma diferencia se observa en los niños en uno u otro lado del espectro autista, pues mientras las niñas con Síndrome de X frágil pueden ser muy violentas emocionalmente, o bien los Savant pueden tener increíblemente desarrollada una habilidad, los niños que presentan el síndrome de Asperger están mejor adaptados, excepto que las neuronas espejo prácticamente no existen, o no son funcionales (Hardan, Minshew, Mallikarnjuhn, y Keshavan, 2001; Herbert, 2005;  Tirapu-Ustárroz,  Luna-Lario, Hernáez-Goñi,  García-Suescun, 2011).

La importancia de la sustancia blanca ha sido ligado entonces con los procesos cognitivos, como lo demostró un estudio publicado  por Roberts, Anderson y Husain (2010) en la revista Journal of Neuroscience se compara el rendimiento cognitivo de 11 pilotos de combate con un grupo control de un coeficiente intelectual similar, sin experiencia previa en el pilotaje de aviones. Todos los participantes completaron dos tareas de control cognitivo para investigar la toma de decisiones rápida. Además, se obtuvieron imágenes de resonancia magnética cerebral, para examinar la estructura de las conexiones de la sustancia blanca entre las regiones cerebrales asociadas con el control cognitivo.

Los hallazgos indican que  pilotos de combate tienen el control cognitivo superior, mostrando una precisión significativamente mayor en una de las tareas cognitivas, a pesar de ser más sensibles a la información irrelevante de distracción y la resonancia magnética reveló diferencias entre los pilotos y los participantes que fungieron como controles en la microestructura de la materia blanca en el hemisferio derecho del cerebro.

Ahora bien existe una diferencia entre la materia blanca y la gris, pues la materia gris es donde se lleva a cabo el cálculo mental y se almacenan los recuerdos y está formada básicamente de cuerpos celulares, pero debajo de esta se encuentra la piedra angular del procesamiento cerebral que llena casi la mitad del cerebro humano y que está compuesta por millones de axones que funcionan a modo de cables o puentes de comunicación y está cubierta por la vaina de mielina, controlando el flujo de información entre las neuronas y puede conectar regiones extensas y lejanas en el sistema nervioso (Fields, 2008).

Y es que tradicionalmente, la sustancia blanca se ha asociado con la velocidad de procesamiento y de conectividad entendida como la capacidad de conectar diferentes regiones del cerebro de forma eficaz (Roberts, Anderson,  Husain, 2010). Sin embargo, en los últimos años, ha ido surgiendo un corpus de conocimiento sólido que intenta relacionar dicha sustancia blanca con diferentes procesos cognitivos, estableciendo que ciertas alteraciones neuropsicológicas son el resultado del efecto profundo que los trastornos de la sustancia blanca pueden tener sobre la cognición y la emoción, como en el caso del retraso mental o del síndrome de Savant.

Pero independientemente de los efectos, los trastornos de la sustancia blanca comparten directamente la noción de las redes neurales distribuidas. Estas redes, consisten en conjuntos dispersos de neuronas dedicadas a funciones neuro conductuales concretas y se les ha relacionado con las funciones superiores en general, por ejemplo el lenguaje, que es una función compleja que resulta de la actividad coordinada de amplias redes neuronales distribuidas por la corteza y las áreas subcorticales (Tirapu-Ustárroz, Luna-Lario, Hernáez-Goñi, García-Suescun, 2011).

Se ha encontrado además, que los niños con trastorno por déficit de atención, presentan una disminución de la asimetría hemisférica derecha-izquierda y del tamaño de las regiones prefrontales del hemisferio derecho (Kennedy, 1999), y se han evidenciado cambios en la sustancia blanca que podrían relacionarse con los procesos atencionales, por lo que se especula que un menor volumen de la sustancia blanca frontal derecha se correlaciona con una alteración de la atención sostenida en los niños con trastorno por déficit de atención. Mientras que por el contrario, en el autismo, se ha observado un aumento del volumen de la sustancia blanca hemisférica en todos los lóbulos cerebrales. Además la sustancia blanca se relacionó con la memoria episódica, la velocidad de procesamiento y la función ejecutiva   (Miranda-Casas,  Fernández,  Robledo  y García-Castellar, 2010; Roberts,  Anderson y Husain, 2010).

Entonces parece importante el desarrollo de esta sustancia, pues entre más cuerpos cerebrales, mayor cantidad de conexiones cerebrales y con ello, parece que la formula para generar el talento se encuentra ahí, sin embargo, habrá que considerar otros aspectos antes de pensar que es posible modular el talento, por que la pregunta ahora es ¿cómo podemos hacer que la sustancia blanca se desarrolle?, la respuesta está en el ambiente.

Aprendizaje: genética, motivación y desarrollo ambiental

Ciertamente el crecimiento y conexión neuronal comienza a las pocas semanas de la concepción (Springer y Deutsch, 1981; Tubino, 2004; Fields, 2008), modulado más por la genética que por el ambiente en ese punto, la lucha por la conexión hace su presencia, sin embargo, dependerá de los cuidados maternos para que el cerebro en formación pueda enfrentar el primer gran riesgo que son los momentos previos al parto y posteriores, como es la formación, exenta de fallas o translocaciones genéticas y el desarrollo suficiente de estructuras, aunque es cierto que muchos de los trastornos del desarrollo parecen estar asociada a diversas dificultades perinatales, como nacimiento prematuro, retardo en el crecimiento intrauterino e hipoxia perinatal (Manaut-Gil, Vaquero-Casares, Quintero-Gallego,  Pérez-Santamaría y Gómez-González, 2004).

Una vez que un bebé nace, el cerebro no tiene la oportunidad de saber que funciones serán necesarias, y con la excepción de aquellas que están evolutivamente programadas (reflejos) las demás dependen de la activación que el medio ambiente haga, partiendo de la idea de que aquellas que se usan más se volverán más fuertes y con ello, se puede decir, mejor adaptadas (Zehhausern, 1982).

Pero en esa lucha son varias las habilidades que pueden ser desplegadas por el recién nacido, particularmente aquellas que ejecutará con mayor frecuencia, lo que a la larga lo llevará a la precisión, aquellas que le sean más permitidas y que además disfrute (Alonso, 1992). Algo que hay que reconocer en los niños talento es que disfrutan mucho una vez que reconocen sus habilidades pues saben que son buenos por que las han hecho no una ni dos veces, sino miles, comenzando desde muy jóvenes, Eso les ha permitido mayores y más fuertes conexiones neuronales y con ello núcleos mayores de sustancia blanca. Si bien pueden intentar algo nuevo, se atreverá a mover su zona de confort cognitiva – motora si y solo si esto les causa placer. El mismo placer que un recién nacido siente al intentar atrapar un objeto lejano, hasta que lo logra y entonces buscará casi de manera natural lograr la misma hazaña con otro patrón de movimientos (Sternberg y Davidson, 1990; Dzib Goodin, 2012).

En un sentido evolutivo, no es extraño que las capacidades más desarrolladas por los niños talento y  sobre dotados sean las relacionadas con habilidades predeterminadas genéticamente, que tienen que ver con los números, el lenguaje, y las artes, pues por ejemplo la cuantificación de los elementos que forman parte de nuestro entorno es una capacidad básica no sólo del ser humano, sino también de otras especies animales, que contribuye a la adaptación del organismo a su medio. Los estudios realizados hasta la actualidad parecen indicar que este sentido numérico es innato, tanto en el ser humano como en otras especies animales, pero para  el ser humano, este sentido numérico es la base sobre la que se construye una capacidad numérica más compleja, dependiente de la escolarización (Serra-Grabulosa, Pérez-Pàmies, Lachica, Membrives, 2010).

Mientras que el lenguaje es más dependiente de los aspectos genético evolutivos que la escritura o la lectura, que requieren instrucción o andamiajes (Alonso, 1992b; Benitez Burraco, 2006).

En este sentido, parece posible pensar que aquellas áreas que se admiran, son aquellas que están más reguladas por la genética, es decir no requieren tanto de la instrucción, incluyendo el movimiento, pues los talento requieren apoyo profesional para lograr una técnica pulcra, aunque es cierto que requieren de menos repeticiones para lograr la perfección, será el ambiente lo que determine el curso de acción. El ejemplo que más me gusta es que quizá todos seamos excelentes pianistas pero si nunca hemos tenido un piano frente a nosotros y la oportunidad de aporrearle un poco, perderemos esas conexiones cerebrales que estaban dispuestas a florecer.

Siendo así, en la medida en que el estudio de los procesos de aprendizaje y de enseñanza no considere las múltiples dimensiones y aportaciones de la neurociencia, se estará contribuyendo a una visión restringida de tal complejidad, pues para poder analizar las asociaciones entre procesos complejos como el aprendizaje y la activación neural, es necesario evaluar en forma crítica cómo las áreas cerebrales presentan distintos grados de activación, Un ejemplo en relación con el ámbito educativo son las investigaciones que muestran cambios neurales como resultado de procesos de aprendizaje (Benarós, Lipina, Segretin, Hermida,  Colombo, 2010).

¿Cómo abordar el talento?


Mi propuesta es que si es posible comprender que los niños van a hacer aquello que disfrutan y evitan aquello que los hace sentir mal, es posible activar el talento en los niños. Bajo la nota de que entre más repeticiones, conexiones neuronales más fuertes y entre más placer causa una tarea, mayor oportunidad de repetición, entonces habrá que trabajar con los mecanismos que llevan a los talento y sobre dotados al disfrute de sus áreas en que es bueno y compartirlas con otros.

Esto convencida de que la educación no es un asunto de dinero, pues niños con fuertes índices de deprivación cultural pueden encontrar un placer indescriptible al pegarle a una pelota o dibujar en servilletas de papel, lo mismo que un niño con mejores recursos puede ser el mejor, alcanzando niveles en un juego electrónico. El problema de la educación es que ha olvidado eso y se ha centrado por un lado, en enseñar aquello que se cree, desde una perspectiva adulta que es importante, y por otra parte, no da la oportunidad de repetir las tareas más allá de un par de veces, de modo tal que el educando no puede lograr la perfección.

Si además se elimina la barrera de yo hago esto perfecto y tú no puedes, se evitarían las competencias, bajo la idea de que cada cerebro es distinto y por ende, tiene distintas capacidades. Y que bueno que sea asi, pues existe alguien que puede comprender el mecanismo para que un auto funcione o que distingue entre los buenos melones y los que no tienen sabor. Aprovechar las diferencias individuales tiene mucho más valor a nivel educativo y de nación, más que saber si un país es más apto para escribir. El talento debe y puede ser aprovechado, no solamente señalado.

Se sabe que este segmento de la población le gusta encontrar múltiples maneras de explicar o resolver problemas, y les gustan los retos, entonces en un grupo de clase permitámosles ser líderes pues es algo que viene con su equipo natural y dejemos que expliquen cosas a los otros niños, y cuando los otros logren comprenderlas, eso les hará sentir que son capaces, habrá que jala la zona de desarrollo próximo de todos, frente a la noción de que ponerlos con niños menos capaces agobian sus capacidades. Pero éstas están ya ahí, y ellos disfrutarán de emplearlas.

Si vemos el talento como lo hacen las empresas, el mayor capital está en su talento, pero no solo eso, que esos talentos trabajen y hagan que todos, sin distingos, alcancen metas cada vez mayores, donde todos son importantes, desde el que barre, por que es el mejor barriendo, hasta quien dirige los proyectos, la sociedad se nutriría mucho más, y en lugar de ver diferencias entre un 100 y un 20 o entre un rico y un pobre, veríamos y aceptaríamos que hay cosas para las cuales no se es apto, por que no hay genio que lo haga todo perfecto y lo sepa todo ¿o si?

En este sentido la educación debería centrarse en educar lo que NO es sencillo y reconocer las habilidades y procurar que estas sean compartidas, ¿qué le educamos a un genio de la computación como Bill Gates?, la capacidad de dar y la capacidad de ver a los otros. Recordemos que entre más talento menor capacidad social… no les apartemos, no los hagamos sentir especiales, todos los niños son especiales, todos tienen derecho a la educación, todos tienen capacidades diferentes, permitámosles compartirlas y la sociedad será un mejor lugar para vivir.

Alma Dzib Goodin


Si te gustó este sitio, puedes conocer un poco más de mi trabajo en: http://www.almadzib.com
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REFERENCIAS

 Alonso, C. M. (1991) Estilos de Aprendizaje y Formación en el trabajo. VII Jornadas Nacionales de Orientación Escolar y Profesional. UNED. Madrid.

 Alonso, M. C. (1992) Estilos de Aprendizaje: Análisis y diagnóstico en estudiantes universitarios. Editorial de la Universidad Complutense. Madrid

 Alonso, M. C. (1992b) Educación Intercultural y Estilos de Aprendizaje. X Congreso Nacional de Pedagogía. Salamanca: Sociedad Española de Pedagogía y Diputación Provincional de Salamanca.

Alvaréz – Buylla, A. y García Verdugo JM. (2002) Neurogenesis in adult subventricular  zone. The Journal of Neuroscience. 22(3) 629-634.

 Benarós, S., Lipina, S., Segretin, S., Hermida, J. y  Colombo, J. (2010) Neurociencia y educación: hacia la construcción de puentes interactivos. Rev Neurol.  50 (3): 179-186.

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2 comentarios:

Sandra Espinoza dijo...

¿Cómo aplicar esto en la educación formal?

Alma Dzib Goodin dijo...

Excelente pregunta. Algunas ideas se pueden aplicar pensando que todos somos capaces de aprender, pero de distinta forma y lo otro es que los maestros y padres de familia tengan claro que los niños se moldean con las interacciones del medio ambiente.

Estas no necesariamente se dan a partir del aprendizaje, pues pueden tener una raíz más evolutiva, pero el niño no merece que se le clasifique, pues una vez que les das una eqtiqueta le dañaste la vida entera.

Creo que si aceptamos las diferencias como algo bueno es más fácil y menos frustrante. Pero la educación formal está lejos de ello. Por mi parte, mi meta es que los maestros vean que hay otras ideas flotando en el aíre.